De modelos a modelos

Alejandro Rosas Marín

Septiembre 1°, 2010.

Artículo publicado en Escrutinio.

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Para hacer asequible cualquier término, hay que describir sus características, sus alcances, y su comportamiento. Los conceptos que el humano abstrae de la realidad los logra comunicar con sus semejantes gracias al nivel de sofisticación del lenguaje, espejo del pensamiento abstracto.

Cuando las definiciones de los conceptos y su uso en el lenguaje cotidiano, pero sobre todo estatal, se diluyen, las consecuencias suelen ser muy negativas. Tener esfuerzos por solucionar una problemática en la cual no se ha definido la naturaleza de los conceptos básicos, fácilmente (a menos que la buena fortuna acompañe) llevará al error.

La idea generalizada de que en temas como la política, el fútbol o la religión las explicaciones pueden ser todas ciertas, en un gran número de casos tienen su origen en la falta de un método para definir y explicar. En estos temas, regularmente la discusión se comienza a partir de los prejuicios que cada interlocutor tiene, se habla del mismo concepto como si la definición estuviera compartida, situación que en pocos casos sucede de esta forma. Un primer paso podría ser definir y acordar unidades básicas de análisis (conceptos).

En nuestro país parece existir una profunda confusión conceptual entre lo que significa ‘modelo económico’ y ‘modelo de gobierno’. Un modelo es una configuración específica y particular de un grupo de instituciones y prácticas especializadas (en un tema). El modelo de gobierno no es igual al modelo económico, en todo caso es un condicionante de éste.

Una definición sencilla –y acaso incompleta– sugiere que al modelo de gobierno como la forma particular en la cual las instituciones políticas se relacionan entre sí y con el gobernado; el modelo económico significaría la manera en la cual las empresas (públicas y privadas) se relacionan entre sí y con el gobierno. Existe una gama de modelos dependiendo de sus particularidades.

El modelo económico en México no está definido claramente, en algunos países su diseño incluso está contenido en los textos constitucionales. El modelo económico tiene, en estos casos, una vigencia transgeneracional. Con diferencia del modelo de gobierno que regularmente es mucho más cambiante. Para el caso de México, existen una serie  de atribuciones del Poder Ejecutivo que le permiten determinar, según lo considere, el modelo económico de su administración.

Como una de las consecuencias de la falta de definición, no se identifica claramente al o los encargados de establecer claramente el modelo económico del país. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público históricamente se ha abrogado esa función, pero no de manera sustantiva ni completa.

El problema se complica cuando además se confunden los límites del modelo económico con los del modelo de gobierno, al grado que se piensa que manteniendo estable y funcional a este último, es requisito suficiente para tener una economía prospera. Situación que de llegar a suscitarse, se debería más a una coincidencia que a un esfuerzo de planeación.

Se cree además que al ser estable el modelo político, el modelo económico en cadena funcionará. Por ejemplo, se cree que controlando el ingreso y el gasto público el modelo económico tendría que funcionar, pero no es así.

En todo caso el modelo de gobierno dicta los ordenamientos y regulaciones que influyen en el modelo económico, pero es este último el que tiene una naturaleza propia que nace de los planteamientos racionales del planificador. Los modelos económicos no son productos de la casualidad, son ejercicios de planeación.

Dado que no está definida claramente el tipo de modelo económico que queremos para el país, me parece adelantada, e incluso limitada, la discusión. Lo primero que se tiene que hacer es definir, con puntos y comas, los alcances, limitaciones y sobretodo la forma de nuestro modelo económico. Una vez hecho esto, entonces sí bienvenida la discusión, los alegatos y los esfuerzos por matizar.

El producto de esta grave confusión impacta en el diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas que están orientadas al desarrollo económico. Dado que no se tiene claro el marco general, el objetivo general, es sumamente difícil poder establecer si las acciones gubernamentales están encaminadas hacia el mismo sentido o responden a coyunturas muy particulares.

Las herramientas que ayudan a identificar los problemas no son las mismas que clarifican las soluciones de los problemas, pensar de forma contraria lleva inevitablemente a la confusión. Requiere de una cierta metodología el identificar problemas, y requiere de otra serie de métodos y pasos resolver esos problemas.

Es de suma importancia y urgencia clarificar estos conceptos básicos de la vida de una nación para poder dar el paso hacia la construcción de las políticas públicas que definan el tipo de modelo económico que necesitamos y queremos para México.

El manejo económico de nuestro país ha sido conducido a partir de las coyunturas del momento, de las prioridades de cada mandatario y de los resultados electorales a futuro, lo que ha llevado a que los logros sexenales no sean duraderos.

Desde hace ya algunas décadas, México ha padecido la falta de planeación en los programas de desarrollo. Las generaciones nacidas en los ochentas han vivido en la crisis, con la falta de oportunidades, teniendo que esforzarse más para conseguir menos.

Los programas sociales del gobierno se presentan más y más como mecanismos asistenciales con seducción electoral que de desarrollo stricto sensu. Con esto, en poblaciones marginadas algunas familias incluso llegan a tener más hijos intencionalmente para recibir el dinero de los programas federales. Esto, sin duda representa uno de los mayores contrasentidos que puede generar el asistencialismo por sí mismo. Este tipo de programas a la larga son mucho más costosos, pues a demás de la inversión inmediata en ellos, el desarrollo se estanca e incluso genera retrocesos. Más allá de los detalles, es necesario plantear el modelo económico en general y apegarse de la forma más realista a él.

Millones de mexicanos pobres, desempleo, poco crecimiento económico, falta de movilidad social y oportunidades son las variables –que cada día se convierten más en constantes- de esta ecuación. Al parecer no se tiene claro para qué necesitamos crecer o por qué y mucho menos cómo hacerle. Decían los griegos que no hay viento a favor para un barco sin rumbo.

Feliz Bicentenario de la Independencia de México.

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